martes, 30 de septiembre de 2014

La tabla del 7

   Es la hora de que el pequeño Dani se vaya a la cama así que se pone el pijama, enciende una pequeña lamparita que hace que el techo se llene de estrellitas y se tapa con las sábanas hasta la cabeza.

   -¿Dónde está el pequeño terrícola? -Se pregunta su madre mientras se rasca la cabeza y Dani se ríe escondido agarrándose con fuerza a las sábanas. -¿Estará...por aquí? -Le coge de un pie que asomaba por fuera de la cama y el pequeño se muere de risa.
   -Toma, no querrás dejar al conejito fuera de la nave espacial ¿verdad? 
   -No es un conejito, es el Comandante Orejas. -Dani abraza su peluche con fuerza y su madre le pasa la mano por el pelo.
   -Pues el Comandante Orejas y tú os tenéis que dormir que ya es tarde cariño. -Le da un beso en la frente al pequeño y al peluche. 
   -Pero no tengo sueño. -Cuando la madre va a cerrar la puerta de la habitación, Dani se sienta en la cama y la mira haciendo pucheros. 
   La puerta del armario se abre con la corriente y la madre va a cerrarla. 
   -Pues...¡Ya sé! Puedes repasar las tablas de multiplicar con el Comandante y con lo aburrido que es seguro que os dormís enseguida. 
   El pequeño Dani se vuelve a meter en la cama y le lanza un beso a su madre que le sonríe y cierra la puerta de la habitación. -Buenas noches.

   -A ver Comandante, parece difícil pero es muy fácil. La más fácil es la tabla del dos y la del cinco y la del nueve porque tiene un truco que me ha enseñado papá. -Sentó al peluche en la barriga y empezó a recitar las tablas de multiplicar. 
   Iba por la tabla del siete cuando comenzó a bostezar sin parar.
   -Siete por una siete, siete por dos catorce, siete por tres veintiuno, siete por cuatro son...veintiocho.

   La puerta del armario comenzó a abrirse lentamente de nuevo.

   -Siete por cinco treinta y cinco, siete por seis... -El pequeño Dani se acomodó en la cama, abrazó a su peluche y mirando medio dormido hacia el armario preguntó en un susurro:
   -¿Cuánto es siete por seis? 
   Cerró los ojos y algo desde dentro del armario le contestó.
   -Cuarenta y dos.
   El pequeño Dani sonrió y respondió con el dedo pulgar metido en la boca.
   -Gracias.



martes, 9 de septiembre de 2014

1. María

     Son las seis en punto de la tarde cuando María llega a casa de los Bishop en su Smart rojo.
     Hace un calor horrible, así que mientras va hacia la puerta se da aire con un abanico negro.
    Está tan nerviosa que respira profundamente dos veces antes de tocar el timbre, que suena tanto que le asusta.
     Hay un jardín precioso enfrente de la casa con una fuente de mármol blanca y flores de todo tipo.
     -¿Quién es usted? -Una joven abrió la puerta y limpiándose las manos en el mandil.
     -Me llamo María. Vengo por lo de la entrevista.
     -¡Oh si, claro! ¡Pase pase, por favor!
     La mujer dejó pasar a María que no podía parar de mirar a todos lados. Había cuadros, estatuas; las paredes eran de un blanco que deslumbraban y una alfombra roja cruzaba todo el pasillo hasta una habitación cuya puerta era un majestuoso arco de madera. 
     María estaba asombrada. Era la casa más lujosa y elegante que había visto nunca y eso que sólo había visto el pasillo de la entrada.
     -¡La señora está en la sala! -Dijo la empleada con una sonrisa tan grande que mostraba todos y cada uno de sus dientes. Sin parar de dar pequeños botes en el sitio, parecía estar más nerviosa que la propia María. Eso o que tenía que ir urgentemente al baño.
     -La verdad es que estoy un poco nerviosa.
     -Nada, nada. No hay motivos para estar nerviosa.
Cogió a María de las manos y la miró a los ojos -Yo confío en ti. Todo va a ir bien, ya lo verás.
     La cara de María era un poema; pensaba que la pobre chica tendría algún problema en la cabeza porque ese entusiasmo así porque si no lo veía ni medio normal.
     -Eso espero. 

     María fue hacia la habitación que le indicó la chica y no pudo evitar abrir la boca.
     Era una sala con las paredes y el suelo de madera oscura, con estanterías hasta el techo llenas de libros. 
    Había una chimenea en una esquina de la sala y un piano justo en el medio. A través de las ventanas entraba una luz que iluminaba toda la habitación y de cara a ellas un sofá enorme con dos sillones para dos o tres personas a los lados.
     En el sofá grande había una mujer sentada que en cuanto oyó entrar a María se dio la vuelta y apoyando los codos en el sofá y la cara en las manos gritó:
     -¡Hola María! -Agitó la mano para saludarla. -Ven aquí ¡Vamos, vamos, vamos! -Dando tres golpes en el sofá.
     -Buenos días -Dijo María sentándose con cuidado.
     -Soy Lorena Bishop. -Le estrechó la mano tan fuerte que casi la vuelve a levantar del sitio. -Vienes por lo de limpiar y todo eso...-Empezó a buscar entre los papeles de una carpeta azul.
    -Si, llamé por el anuncio que...-Lorena sacó uno de los papeles y un boli de algún sitio del que María no se dio ni cuenta. 
    -Voy a hajerte unaj pgeguntaj, ejpego que no te molejte -Tenía la tapa del boli en la boca y no se le entendía nada.
     -¿Uhm? 
     -Oh -Escupió la tapa del boli. -Voy a hacerte unas preguntillas y tal.
     -Claro. -María no paraba de rascarse las rodillas de los nervios.
Lorena Bishop subió las piernas al sofá y de repente, como si le hubieran dado al botón de pausa, se quedó quieta y empezó a mirar a María con los ojos entrecerrados y la boca abierta. 
     -¿Señora?...¿Señora Bishop? -María no sabía que hacer y se puso muchísimo más nerviosa. Iba a darle unos toquecitos en el hombro cuando Lorena sacó la lengua, mojó sus labios y siguió como si no hubiera pasado nada. 
    -Vale, a ver. Son tres preguntas, no tienen nada de relevancia, es solo papeleo. A mi marido le gusta tener todo apuntado y, en fin. Hombres. Bueno, vamos a por la...¡Primera pregunta! -La señora Bishop puso voz de presentador de concursos y María ya daba por sentado que allí no encontraría a nadie en su sano juicio. Hablaría con el señor Bishop por si tuviera que tener algún tipo de cuidado especial con esa gente. Él sabría qué hacer.

     La señora Bishop levantó una ceja y preguntó:
     -¿Quieres vivir aquí? 
     -Eh...Tienen...Am...Tienen una casa muy bonita, su casa es muy bonita, de verdad, pero...Pero yo tengo mi casa y no me supone ningún problema venir aquí. Tengo coche. Es chiquitito pero para mi es suficiente, es... -Lorena escribía tan rápido que parecía que iba a romper la hoja.
     -Ya, vale...eh...Segunda pregunta, ¿preparada? Va, redoble de tambores - Empezó a hacer el ruido con la boca y escupía hacia todos lados -¿Tienes familia? 
     María miró fijamente al suelo y con un hilo de voz respondió:
     -No.
     Lorena sonrió y lo escribió en la hoja.
    -Perfecto...Y ahora la última pregunta. ¡La última pregunta! ¡The last question! ¡La última pero no por ello menos importante! ¡La última ultimísima pregunta! -Hizo el sonido de una trompeta. -¿Eres hematofóbica?
     -Hema ¿qué?
     -Que si te da cosa la sangre. Asquito, reparo. Ugg. Yuyu. 
     -Mmm...Que yo sepa no.
    -¡Pues coooooooontratada! ¡Enhorabuena! ¡Ha pasado usted el test "Sergei Bishop"! Es oficialmente empleada del hogar. ¿No está contenta?
     María había empezado a arrepentirse de haberse presentado en esa casa desde la primera pregunta, pero el dinero es el dinero.
     -Si, muchísimas gracias. 

     Alguien entró en la casa y cerró con tal portazo que hizo mirar a las dos hacia el pasillo.
     -¡Cariño ya tenemos asistenta! Ya verás le vas a caer genial.
    Lorena la cogió de la mano y fueron hacia el pasillo. Allí había un hombre con la cara sucia y ensangrentada que casi ni se tenía en pie. María miró a la señora Bishop buscando algún tipo de explicación pero ella tenía en la cara una sonrisa de oreja a oreja y apretó su mano dos veces.
     Al parecer todos estaban entusiasmados con la idea de tener una asistenta en casa. 
     El hombre se quitó el abrigo y el sombrero y los tiró en la alfombra, dejando ver que no sólo era la cara, sino todo el cuerpo el que estaba lleno de sangre, arañazos y golpes. 
     -Se llama María -Lorena no podía ocultar lo contenta que estaba de no tener que limpiar ella la alfombra y se fue al salón de nuevo, dejando a María muerta de miedo ante Sergei Bishop.
     Tiró dos pistolas al suelo y dos cuchillos.
     -Encantado María. Comienzas el lunes.


lunes, 7 de julio de 2014

A la Muerte le gusta Beyoncé

Son las 3 de la mañana y el violador al que la policía llama "Drácula" por las marcas que deja en sus víctimas ha vuelto a actuar.
Ha acorralado a la víctima en un callejón oscuro, lleno de charcos de la tormenta que ha caído hace cinco minutos. Ella ha perdido un zapato al intentar huir y se a tropezado, haciendo así el trabajo de Drácula muchísimo más fácil.

Han pasado 10 minutos y la mujer está afónica de gritar pidiendo ayuda sin recibir la respuesta de nadie. Él le pone la mano en la boca y ella llora sin parar, confundiéndose las lágrimas con las gotas de agua que le chorrean del pelo y el sudor.
Él se ríe y la apuñala una vez a la vez que le lame la cara.

-No, no, no, no. No. Otra vez no.

La mujer que apenas puede respirar intenta localizar con la mirada a la persona que ha hecho que esa pesadilla parase por un momento. 
Drácula mira a todos lados asustado por si es un policía, guardando silencio para intentar escuchar de dónde viene la voz.

-Es la quinta, tío. Pero qué te pasa.

Un encapuchado de repente aparece ante el asesino asustándole y haciéndole caer hacia atrás. La mujer tose y pide ayuda entre susurros y gemidos de dolor, rozando con los dedos el cuchillo que le atraviesa la tripa.

-Vamos a ver, yo estoy tan feliz comiendo mis pelotazos viendo actuaciones de Beyoncé en Youtube cuando de repente me viene la señal de que una mujer se está viniendo a mi barrio. "Oh, pobre mujer, seguro que es cáncer o alguna de esas chorradas de las que os empeñáis en no encontrar cura" ¡Pues no! ¡Aquí estoy otra vez! ¡Con el capullo este al que le ha dado por matar tías porque sí! ¡Porque le gusta! ¿Pues sabes lo que me gusta a mi? ¡Beyoncé! ¡Me gusta Beyoncé tío y estaba viendo su jodida actuación en la Superbowl por quinta vez y le he tenido que dar al jodido pause para venir a ver tu jodida cara, capullo! ¡Y estoy cabreado joder, estoy muy cabreado! 

El encapuchado estaba señalando a Drácula que estaba escondido detrás de unos cubos de basura, mirando al extraño. Quizás era una broma, un friki que ha oído el ruido que hacía la furcia pidiendo ayuda.

-¿Estás bien pequeña?- Preguntó el encapuchado a la mujer limpiando el sudor de su frente con la manga -Te necesito aquí, pequeña. Vas a ser la base ¿de acuerdo? ¿Sabes chasquear los dedos, preciosa?

La mujer le miraba con la boca abierta cogiendo todo el aire que podía para respirar. Levantó la mano izquierda y chasqueó los dedos una vez.

-Eso es. Ahora así sigue el ritmo, vamos. Papapará, papapará. Papapará papapará.

El encapuchado comenzó a chasquear los dedos para mostrarle el ritmo que quería mientras Drácula se iba andando sin hacer ruido de allí. Ese hombre estaba mal de la cabeza, se había puesto a cantar con un palo haciendo de micrófono...No, espera...Eso no era un palo era un jodido hacha...¿Qué?

-Honey, honey. 
I can see the stars all the way from here
Can't you see the glow on the window pane?
I can feel the sun whenever you're near
Every time you touch me I just melt away

Vamos preciosa seguro que te la sabes vamos canta conmigo, vamos. 

La mujer seguía chasqueando los dedos manchados de sangre sin saber muy bien qué estaba pasando

Drácula iba caminando hacia atrás sin perder de vista al loco encapuchado hasta que sin querer pisó un charco, del susto dirigió su vista al suelo y al volver a mirar al lugar donde estaba cantando el tío ya no estaba.

Now everybody asks me why I'm smiling out from ear to ear.
But I know
Nothing's perfect, but it's worth it after fighting through my fears
And finally you put me first

La mujer no paraba de chasquear los dedos. El encapuchado había desaparecido. Tenía que salir de allí ya, eso era demasiado raro, así que Drácula empezó a correr por el callejón huyendo de esa locura.

-Baby it's you.
You're the one I love.
You're the one I need.
You're the only one I see.
Come on baby it's you

Los chasquidos hacían eco en el callejón y sentía que le estaban cantando justo en el oído, pero eso era imposible. Todo aquello era imposible. No podía parar de correr, ya había salido del callejón y ahora iba atravesando las calles lo más rápido que podía. Era una locura.

-You're the one that gives your all.
You're the one I can always call.
When I need you make everything stop.

El encapuchado apareció de la nada quedándose justo enfrente del asesino que quedó petrificado al instante. Miró a Drácula directamente a los ojos y le arrancó el corazón en un segundo, haciendo que el asesino cayera al suelo con un gesto en la cara de puro terror.

-Finally you put my love on top