viernes, 30 de diciembre de 2016

7. Cáscaras de pipas



El sol radiante de la mañana bañaba de luz todo el parque. Algunos ancianos paseaban ayudados por sus bastones y comentaban el buen día que hacía, aunque algunas nubes negras se vieran a lo lejos.
Aquel sábado era un regalo divino. Hacía tan buen tiempo que las madres habían llevado a sus hijos a jugar. Algunos con una pelota corrían por el jardín y otros se deslizaban por el tobogán.
Pero si observabas con atención podías ver una hilera de hormigas caminando por el borde del parque, rodeando el banco donde una mamá sentada con su hija jugaba a las palmitas.
A la cabeza de la formación iban algunas exploradoras y unas pequeñas obreras deseando llegar a su destino abriendo y cerrando sus diminutas pinzas seguidas del resto de soldados. Dispuestas a masacrar a aquellas bobas hormigas del agujero, cuanto más se acercaban más nerviosas se ponían. Algunas tenían un tic y no podían evitar agitar el aguijón al final de su cuerpo de vez en cuando.
Ansiosas por llegar caminaban cada vez más rápido, sin romper la formación. Unas detrás de otras caminaban a la vez creando un ritmo perfecto con los pasos. Cada vez más rápido. Los tics se atenuaban y algunas golpeaban con sus antenas a las compañeras. Más rápido, más rápido. Las estúpidas estarían allí esperando su muerte. Las estúpidas estarían allí esperando. Las estúpidas…
Cuando llegaron al agujero no había ni una sola hormiga fuera. Las obreras, confundidas, se miraban entre sí y las exploradoras intentaban recordar el camino por si se habían equivocado.
Una soldado salió de la formación y se acercó al agujero con cautela.
-¿Qué es esto, Kali? -una soldado tenía una cáscara de pipa en la mano y la toqueteaba con las antenas.
-No toquéis eso. Dejadlo donde estaba. -la soldado atenta miró al hormiguero del suelo y tiró una piedrecita con la pata. Nada.
-¡Kali huele bien!
-¿Qué forma es esta? ¿Son semillas?
-¿Kali por qué no tenemos esto nosotras también?
La soldado se giró y vio al ejército de hormigas rojas aglomeradas alrededor del hormiguero del suelo inspeccionando las pipas.
-¿Qué estáis haciendo? ¡Volved a la formación!
-¡Kali, mira! ¡Mira cómo huele! -una exploradora le acercó la cáscara a las antenas y la soldado respiró hondo.
Era inexplicable ¿Qué era aquello? ¿Era comida? ¿Eran semillas? No eran semillas, sólo eran la cáscara de la semilla. Eran cáscaras…
La cáscara se le cayó de las manos a la exploradora y Kali miró directamente a los ojos inertes de su compañera antes de que cayera al suelo hecha una pequeña bola. Dos hormigas del suelo la habían matado con sus pinzas.
Ante ella se luchaba una batalla entre las rojas y las del suelo. Las obreras de ambos bandos se atacaban entre sí como locas y algunas en grupos acorralaban a una y la hacían pedazos. Las soldados igualmente se atacaban entre sí y apoyaban a sus compañeras más pequeñas cuando las veían solas.
Un montón de hormigas muertas estaban a sus pies y no podía creer que las hubieran pillado desprevenidas por estar olisqueando aquellos…
De pronto una hormiga la mordió en la cabeza y ella instintivamente deslizó su aguijón rápidamente hacia delante clavándolo en el pecho de aquella desgraciada embadurnada en una baba asquerosa.
El resto de hormigas la siguieron. Las rojas apuñalaron con sus aguijones a las estúpidas en el pecho dejándolas paralizadas. Les sacaron el aguijón y las del suelo cayeron hechas una bola gritando de dolor.
Kali asqueada miró a la osada que se había atrevido a morderla y se dirigió a sus compañeras -¡Ya hemos acabado aquí!
La soldado se dirigió hacia una cáscara y curiosa comenzó a inspeccionarla también como sus compañeras.
-Deberíamos llevarnos unas cuantas a ver qué piensa Kai ¿no creéis? -una exploradora hablaba con un par de soldados que asentían al olisquear las cáscaras que les mostraba la hormiga.
-Vámonos. -dijo Kali, que se colocó una cáscara sobre la espalda.
La hormiga a la que había apuñalado se restregó con cuidado el mejunje que la cubría por el pecho y comenzó a reír.
-¿De qué te ríes?
La hormiga sin hacerla caso siguió riéndose cada vez más alto, lo que motivó que sus compañeras se rieran también.
Las hormigas rojas no entendían nada y las risas empezaron a darles miedo. Las del suelo empezaron a desenvolverse y se levantaban lentamente.
-No se mueren… ¡No se mueren! -las obreras corrían despavoridas de aquí para allá clavándoles el aguijón a las que aún no se habían levantado.
De repente un puñado de hormigas voladoras salieron del agujero del suelo provocando el pánico a las hormigas rojas que salieron huyendo.
-¡Retirada! -gritaba Kali huyendo con la cáscara a su espalda.
Las hormigas rojas se iban corriendo muertas de miedo por la resurrección de las del suelo y éstas gritaban y daban saltos de alegría por su victoria.
Lasalle se levantó y fue a ayudar a algunas de sus compañeras que habían perdido alguna pata o antena.
-¡Agárrate bien, no te resbales! -le decía a una exploradora que había perdido dos patas traseras.
-Lasalle, embadurnarnos con el mejunje este es asqueroso -la exploradora se quitaba el líquido con la mano y lo tiraba al suelo mientras caminaba.
-Es lo que la naturaleza nos ha dado. Tenemos que agradecer que ellas no supieran que podemos protegernos de ineptas rojas como ellas.
-Ya, ya…
Pasaron al lado de un par de hormigas que no se habían levantado del suelo. Lasalle reconoció a una de ellas y dejando a la hormiga que llevaba en la puerta del hormiguero volvió a verla.
Le dio unos toquecitos con las antenas, pero no se movió.
La empujó con las patas, pero no se movió.
Muerta de pena, arrastró hasta el hormiguero a su compañera que encogida, abrazada a una cáscara de pipa, había dado su vida por la colonia.


Las hormigas rojas iban a volver al hormiguero al pie del árbol para contar lo ocurrido a la reina y a sus compañeras, pero antes hicieron una pequeña parada bajo la montaña de madera.
-¡Coged todas un par! -gritaban las exploradoras toqueteando algunas cáscaras de pipas con sus antenas.
Kali miraba cómo sus compañeras disfrutaban de aquel olor.
Era curioso cómo aquellas estúpidas se habían estado aprovechando de aquella mina durante todo este tiempo.
-¡Mira Kali, puedo llevar dos! -decía contenta una pequeña obrera levantando las cáscaras e iniciando el camino a casa siguiendo a algunas compañeras exploradoras.
Kali se paseaba entre las cáscaras. Era fantástico. No eran todas iguales. Algunas eran más claras y estaban más secas, esas olían bien. Pero luego había otras, a medida que iba caminando, que iban siendo más oscuras, más húmedas y olían mucho mejor y más fuerte...
¿Más húmedas?
Kali miró hacia arriba y aterrorizada gritó -¡Retirada! ¡RETIRADA!






-¡Laura deja a las hormiguitas tranquilas que están cogiendo su comidita!
La pequeña Laurita había saltado sobre las cáscaras de pipas porque le gustaba el ruido que hacían al partirse bajo sus zapatos.
-Ven, mira -la mamá cogió a la niña y la sentó en el carrito -¿Ves cómo se llevan la comida?
Unas cuantas hormigas se llevaban las cáscaras hacia el jardín y otras daban vueltas muy rápido debajo del banco. Había algunas que simplemente estaban hechas una bola y no hacían nada.

La mamá dejó apoyada la bolsa de pipas en el banco, sacó una revista y un conejo de peluche de la bolsa del carrito.
-Toma Laurita. -le entregó el conejo a la pequeña que lo agarró fuerte por las orejas.

domingo, 18 de diciembre de 2016

6. Cáscaras de pipas

-¿Para qué crees que nos van a servir las cáscaras?
Lasalle miró la pipa que llevaba su compañera -Le contaremos a la reina para lo que las hemos utilizado y quizás ella sepa darles uso en la batalla que se avecina.
Nuestra hormiga se quedó paralizada en cuanto escuchó la palabra batalla y Lasalle entró en el hormiguero directo al piso 84 con sus dos pipas a la espalda.
Todas miraban extrañadas a la soldado y cuando ésta llego hasta lo más hondo del hormiguero dejó con cuidado las cáscaras frente a la reina.
-He encontrado a la compañera perdida y hemos llegado sanas y salvas a casa.
-Ya lo sé. -La reina miraba con atención las cáscaras.
Hubo un silencio que ninguno de los dos fue capaz de romper hasta que la reina se acercó a una de las cáscaras y la golpeó con las antenas.
-Nos han protegido.
Malika soltó una carcajada.
-¡Es verdad! Casi nos descubren. Resulta que cuando llegué la hormiga estaba seleccionando algunas y nos las pusimos encima para escondernos porque sus exploradoras también repararon en ellas y…
Malika comenzó a reírse aún más y más. Hasta se cayó encima de una cáscara mientras se sujetaba las antenas. Reía con todas sus fuerzas y Lasalle no sabía si seguir contando la historia porque a la reina parecía no importarle en absoluto.
-¿Te estás riendo de mi?
La reina volvió en sí y se levantó del suelo -No, no me estoy riendo de ti, lo siento mucho. -volvió a reírse.
Lasalle enfadado apretó los puños -¡No te importa que haya encontrado algo que pueda ayudarnos! ¡Estamos a punto de entrar en guerra con unas hormigas que nos superan en todo y tú te estás riendo! ¡Por qué te estás riendo! ¡Para de reírte!
Malika con las pinzas abiertas se acercó lentamente a Lasalle y le acarició la cara con las dos patas.
Estaban tan cerca. Lasalle nunca había estado tan cerca de su reina y la adoraba tanto que no le importaba si le arrancaba la cabeza en ese momento con sus maravillosas pinzas.
-¿Las…has…visto? -dijo Malika en un susurro.
-¿Qué?
-¿Las has visto? -Malika cogió de las patas a Lasalle. Estaba temblando.
-Pues claro que las he visto. Las he visto y he visto cómo luchan, son peligrosas Malika, con el aguijón ese son impredecibles. Seguro que ya han establecido a la colonia, aunque cuando fuimos estaban perdiendo tiempo en…
Lasalle paró de hablar. No podían haber sido tan estúpidas. No podían haber sido tan rematadamente estúpidas, si aquellas hormigas eran…
-Son rojas...
-Son rojas. -Malika comenzó a reírse de una manera endiablada 
-¡Son rojas! -Lasalle reía también -¿Cómo no nos hemos dado cuenta?
-Eso te pasa por ir por ahí sin haber establecido ningún contacto antes. Eres una hormiga estúpida.
La reina volvió a golpear las cáscaras de pipas y Lasalle paró de reir.
Nuestra hormiga llegó al piso 84 con su cáscara de pipa a la espalda -Lo siento por no bajar enseguida, es que tenía que enseñarle la pipa a unas compañeras que… -Malika sin hacerle ningún caso se sentó en el fondo de la habitación. -Voy… voy a dejarla aquí también, sí.
La hormiga dejó la cáscara y se colocó al lado de Lasalle.
-Huelen bien. -dijo la reina.
Nuestra hormiga estaba tan contenta de que su reina dijera eso de sus preciadas pipas que no pudo evitar dar un par de saltitos. -Si ¿verdad?
-Dejadlas afuera.
Lasalle cogió sus dos pipas y la exploradora arrastró la suya entristecida porque la reina las había rechazado.
La soldado volvió a la celda enseguida y nuestra hormiga, a punto de llorar, dejó con cuidado su pipa en el pasillo acariciándola con sus antenas.
De pronto una sombra sobre ella la hizo girarse rápidamente, una preciosa hormiga alada se había acercado a la cáscara y la toqueteaba con sus majestuosas antenas. -Huele muy bien ¿la has encontrado tú?
La hormiga atónita ante las magníficas alas de su compañera asintió con la cabeza.
-Un gran descubrimiento, si señora. Estamos muy orgullosas de contar con hormigas como tú en la colonia. -La hormiga alada le acarició la cabeza. -Sigue así.
Nuestra hormiga no le quitó los ojos de encima hasta que se perdió entre las galerías superiores. Cuando volvió en sí estaba rodeada de otras compañeras que se habían acercado a examinar las cáscaras de pipas.
-Huelen bien. -se oía murmurar a una.
-Creo que las he visto antes… -decía otra.
-¡Están en el piso 23!
Las hormigas curiosas no paraban de olisquear y de golpearse con sus antenas bajo la atenta mirada de Lasalle.
Malika fue lentamente hacia sus hijas que la hicieron un amplio hueco hasta llegar a una de las cáscaras de pipas y comenzó a golpearla con sus antenas.


Las hormigas más pequeñas se miraron entre ellas, comenzaron a temblarles las patas y abriendo y cerrando las pinzas reían desquiciadas. Las soldados daban pequeños saltos hacia delante y atrás y se embestían amistosamente entre ellas.
Un murmullo invadió la colonia -Son rojas… son rojas…
Malika cogió la cáscara y se la entregó a la exploradora. -No saben quiénes somos. -las risas de las obreras se oían por todo el hormiguero.
Nuestra hormiga cogió la pipa y fue directa hacia el piso 23 seguida de todas sus compañeras.

Malika se metió en su celda, cogió un pedazo de gominola, lo partió por la mitad y se lo ofreció a Lasalle.
La soldado sonrió, se comió la gominola y se fue con sus compañeras.

domingo, 6 de noviembre de 2016

5. Cáscaras de pipas

Aprovechando la confusión y el movimiento que hubo en el hormiguero cuando la reina salió a la superficie, nuestra hormiga fue corriendo detrás de la formación de soldados y salió con ellos. Como era más o menos del mismo tamaño nadie se fijó en que ella no pertenecía a ese grupo.
A pocos pasos de la salida del hormiguero estaba su reina rodeada por sus compañeras enfrente de otro puñado de hormigas extranjeras. Tendría que ir con cuidado si no quería que la descubrieran: iba a recoger un par de cáscaras de pipas. Solo un par. Era necesario que lo hiciera, no sabía muy bien por qué, pero era necesario.
Así que poco a poco fue distanciándose de su casa y aprovechando las piedras para esconderse se dirigió hacia la montaña de madera. Cuando estaba suficientemente lejos echó a correr tan rápido como se lo permitieron sus patas rezando para no encontrarse con otro insecto por el camino.
Ahí estaba su preciado tesoro esparcido por el suelo. Se acercó a una de las cáscaras, miró hacia todos lados asegurándose de que estaba sola, la cogió y respiró hondo. Sus compañeras seguro que se caerían de espaldas en cuanto la olieran.
-¿Qué estás haciendo?
La hormiga asustada pegó un brinco y tiró la cáscara. Encima de ella había una pequeña mariposa monarca revoloteando que no paraba de mirarla con los ojos muy muy abiertos, sin parpadear.
-¡Me has asustado! –dijo gritando lo más bajito que pudo y agitando un puño en el aire.
-¡Lo siento, no era mi intención!
-¡Sssh!
-¡Perdona!
-¡SSSH! –la hormiga miraba hacia todos lados asegurándose de que no había nadie más. – ¡Vas a delatar mi posición! ¡Cállate y vete de aquí!
La mariposa se tapó la boca y se apoyó en una de las patas de la montaña de madera. –Perdona no sabía que era una misión secreta ¿trabajas para la colonia nueva?
-¿Qué? ¡No! Estoy recogiendo las… ¡Pero qué hago dándole explicaciones a una mariposa! ¿Qué haces tú aquí, eh? ¿Qué hace una mariposa por ahí paseándose a estas horas? ¿Me estás espiando? ¡Cómo me estés espiando te arrancaré las antenas y me haré una bufanda con tus alas!
-¡No, por favor! ¡Las alas no! –la mariposa comenzó a hacer pucheros y antes de que empezara a llorar la hormiga intentó tranquilizarla. Las mariposas son tan sensibles…
-Está bien, está bien, no te haré nada. ¿Así que no me estás espiando?
-Pues claro que no… –contestó sorbiéndose los mocos la mariposa – Es que… ¡me voy de viaje!
De repente se puso tan contenta que echó a volar alrededor de la hormiga, sin acercarse mucho, haciendo figuras en el aire.
La hormiga pensó que la pobre mariposa tendría algún problema –Ya… Qué bien, me alegro, me alegro mucho por ti. Ahora si me disculpas tengo cosas que hacer.
-Claro, claro, no te molesto más.
La hormiga examinaba las cáscaras y la mariposa volaba justo a su espalda observando lo que hacía.
-Te… te importa parar… -el sonido del revoloteo de la mariposa la estaba poniendo nerviosa.
-Oh, claro. Sin problema. –la mariposa se posó en el suelo y siguió detrás de la hormiga.
-¿No te ibas de viaje? –preguntó la hormiga irritada con una cáscara en la espalda.
-¡Si! Es un viaje muy largo, lo hacemos todas, es como una tradición de familia o algo así, no lo sé muy bien. Pero me han contado que se ve mucho mundo y conoces muchos insectos.
-Qué bien. –la hormiga inspeccionaba otra de las cáscaras sin hacer mucho caso a la mariposa.
-Pero… pero me da un poco de miedo porque… porque es… porque es un viaje muy largo y es… me da miedo porque es un poco peligroso y las probabilidades de que vuelva a mi casa pues bueno… -la mariposa estaba tan nerviosa que reía de vez en cuando y a la hormiga le dio pena.
-Si no quieres hacerlo ¿por qué te vas de viaje?
La mariposa miró triste las cáscaras de pipas en el suelo –No lo sé. Tengo que hacerlo, todo el mundo lo hace.
La hormiga también miró pensativa su preciado tesoro.
-Así que me he propuesto hacer un amigo para que cuando vuelva tenga alguien a quien visitar y contar mis aventuras. –dijo la pequeña mariposa con una sonrisa muy forzada.
-Pues… pues aquí estaré. – respondió la hormiga señalando las cáscaras y la mariposa comenzó a dar pequeños saltitos de alegría que le recordaron a su amiga hormiga gemela. – O eso espero.
La mariposa y la hormiga reían nerviosas cuando de repente la hormiga sintió unos pasos.
-Vete.
-¿Qué?
-¡Vete de aquí! ¡Corre! ¡Vuela!
La mariposa asustada echó a volar y se escondió en la montaña de madera.
Lasalle llegó corriendo y agarró a la hormiga de la pata. -¿Qué demonios estás haciendo aquí?
-Estoy haciendo mi trabajo. –la hormiga agitó una de las cáscaras en el aire.
La soldado tiró de ella, le arrancó la cáscara de las manos y se la puso encima –Agáchate y no te muevas ¡No te muevas!
El olor de la pipa era tan intenso que creía que estaba en el cielo. Lasalle cogió otra cáscara y se escondió rápidamente a su lado.
La líder de la colonia del árbol seguida de las soldados pasó entre las cáscaras de pipas, a pocos centímetros de aquellas bajo las que estaban escondidas. Nuestra hormiga estaba tan tensa que contuvo la respiración hasta que ya sintió los pasos muy lejos.
-No nos han visto. –susurró Lasalle.
-Creo que me estoy mareando. –la hormiga estaba tan nerviosa porque no las descubrieran y a la vez tan feliz por el delicioso olor que desprendía la cáscara…
Una exploradora del árbol volvió otra vez y curiosa toqueteó con las antenas una de las cáscaras de pipas. Nuestra hormiga abrió las pinzas bajo su escondite y Lasalle estaba listo para salir al ataque en cualquier momento.
-¡EH! –llamó a una compañera mientras cogía la cáscara y seguía dándole golpecitos. Otra exploradora llegó corriendo hasta su posición.- ¡Mira lo que he encontrado!
-¿Qué es? –la exploradora se paseaba por las cáscaras toqueteándolas todas con las antenas.
-No lo sé, pero mira cómo huele. Huele muy bien. –respiró hondo –Huele bien, pero que muy bien.
La exploradora paró delante de la cáscara de nuestra hormiga dispuesta a cogerla y olisquearla como su compañera. Lasalle esperaba atenta, en cuanto tocara la cáscara acabaría con ellas y seguramente la loca de las pipas a punto de reventar de rabia que tenía al lado lo haría primero.
-¿Qué estáis haciendo?
Las exploradoras miraron al cielo y la pequeña mariposa monarca revoloteaba sobre sus cabezas.
-Métete en tus asuntos, Colores.
-Eso, Colores. Vete a chupar néctar.
-Eso, néctar.
Las exploradoras se rieron y nuestra hormiga no sabía si el calor que tenía era de estar escondida, porque tocaran sus cáscaras o por las burlas a su amiga voladora.
La mariposa se apoyó en la montaña de madera. –Está bien, está bien. Seguid a lo vuestro con esos chismes… Supongo que no os interesa el caramelo…
Las exploradoras al oír “caramelo” soltaron las cáscaras y fueron hacia la mariposa. -¿Qué caramelo?  
-Oh, nada del otro mundo. Un caramelo de esos que los humanos van chupando por la calle con un tallo blanco.
Las exploradoras se miraron y dijeron al unísono -¡Guíanos por favor!
La mariposa miró de reojo a las cáscaras y rápidamente contestó a las hormigas –Por supuesto señoritas, síganme por favor.
La mariposa echó a volar seguida de las exploradoras directa hacia el otro lado del parque. Cuando estuvieron bien lejos, las hormigas salieron de su escondite.
-No me lo puedo creer. –decía Lasalle rascándose la cabeza.
Nuestra hormiga estaba tan embriagada por el olor que caminaba haciendo eses entre las cáscaras de pipas. Llegó a una que le gustó, la cogió y se la colocó sobre la espalda. –Lo sé, una mariposa nos ha salvado. Pero puedes estar tranquila que yo sssh… -la hormiga se colocó una pata entra las mandíbulas y cerró los ojos.
-¿No te das cuenta? Las cáscaras nos han protegido, no sé cómo, pero lo han hecho -Lasalle cogió dos cáscaras y se las puso en la espalda también.
-Ha sido la magia de la amistad. Esa mariposa es mi amiga y cuando vuelva nos contará sus aventuras y estoy muy orgullosa de ella. Es mi mejor amiga. –Lasalle no pudo contener la risa al ver a su compañera en ese estado tras oler tanto tiempo la cáscara de pipa. Las exploradoras son tan sensibles… –Y ahora tú tranquila, yo te llevo a casa sana y salva. Sígueme. Por aquí.



Por el camino Lasalle preguntó a su compañera que iba delante -¿Es verdad que hay un caramelo?

Nuestra hormiga paró de andar y miró a Lasalle a los ojos. Tras unos segundos se empezó a reír a carcajadas y siguió caminando.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Laurita

Había una vez una mamá que salía todos los días a dar paseos por el parque con su bebé.
Era una niña monísima, tenía los ojos verdes y muy risueña. Su madre decía que tenía la sonrisa más bonita y babosa del mundo entero.

Una tarde se sentaron en un banco a ver las palomas que se juntaban en uno de los jardines del parque.
-Mira los pajaritos, Laurita -decía su madre señalándolos.
Un pequeño temblor, casi imperceptible, sacudió el suelo y las palomas salieron volando. Después de un rato volvieron a casa.
Al día siguiente vovieron al parque y una señora que pasó por su lado cargada con bolsas de la compra se detuvo a mirar a la pequeña.
-¡Qué bonita es! -dijo apretándole suavemente las mejillas -¿Cómo se llama?
-Me llamo Laurita -contestó la madre haciéndose pasar por el bebé.
Un segundo temblor sacudió el parque pero esta vez más fuerte.
-¿Ha temblado el suelo? -preguntó la mamá a la señora.
-Si hija, ayer noté algo raro yo también en mi casa. Estaba en el salón y se movió la lámpara del techo y todo. Esto es del cambio climático ese seguro. Bueno me voy que se me descongelan los helados. ¡Adiós bonita, adiós!
El bebé reía haciendo pequeñas pompas de baba.
Al día siguiente volvieron al parque y se sentaron en un barco cerca de una fuentecilla donde unos niños rellenaban sus botellas de agua. La mamá sacó una revista y un conejito de peluche de la bolsa que colgaba del carrito.
-Toma Laurita -le entregó el conejo a la pequeña que lo agarró por las orejas.
De pronto vibró un poco el suelo como el día anterior y la mujer asustada miró a su alrededor.
Laura tiró el conejo al suelo.
-¡Eso no se hace! -la mamá se levantó, recogió el peluche y se lo dió a la pequeña. -Toma Laurita.
Esta vez un terremoto sacudió la ciudad entera. Los árboles temblaron, una grieta resquebrajó la parte baja de un edificio cercano en el que se encontraban y la fuentecilla se cayó un poco hacia la izquierda, saliéndose del cemento del suelo. La madre asustada guardó la revista y se fueron caminando muy rápido a casa.
Por el camino Laura lanzó el conejo muy lejos y la mamá molesta soltó el cochecito, recogió el conejo y se lo fue a dar a la pequeña.
-¡No lo tires! -dijo la madre enfadada. -Toma...
Antes de que volviera a pronunciar su nombre de aquella manera se abrió una grieta en la acera entre sus piernas.
La mamá, asustada y conteniendo la respiración abrazó al peluche y miró incrédula a su bebé que escupió el chupete y haciendo pucheros estiró los brazos para recuperar su preciado conejito.
-Toma...Toma Laura.
La pequeña reía mientras se pasaba las orejas del peluche por la cara.

Y su mamá jamás la volvió a llamar Laurita.


domingo, 25 de septiembre de 2016

4. Cáscaras de pipas



La reina del árbol cogió a Malika del cuello y la levantó del suelo.
-Bueno, bueno ¿qué modales son esos? –No paraban de salir hormigas del suelo dispuestas a comenzar una batalla. –¿Dónde se ha visto que maten a sangre fría a sus invitados sin opción a un sano y formal parlamento, um? Oh, espera.
Las soldados del árbol rieron y las del suelo alzaron el pecho.
-Me temo que aquellas que mandaste a mi casa no venían con muy buenas intenciones, pero no estoy enfadada, al contrario. De hecho creo que debería agradecértelo. Como sabrás, mi familia y yo nos acabamos de instalar en ese arbolito de allí y no nos ha dado tiempo a explorar y andamos escasos de comida. Así que muchas gracias, princesita.
Las antenas de Malika comenzaron a temblar.
-Oh, la princesa está triste –se dirigió a su grupo- ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de sus pinzas de fresa…
La reina del árbol aún la tenía agarrada por el cuello y las soldados del suelo se iban acercando poco a poco a ellas.
-Pobrecita princesita. Oh, no nos han presentado todavía, qué modales – dijo mirando a Lasalle que estaba detrás de Malika a punto de saltar sobre la reina del árbol. –Mi nombre es Kai ¿quién eres tú, um?
-M…Malika –contestó como pudo.
-Malika, Malika, princesa Malika, encantada de conocerte –la movió hacia arriba y abajo como si se hubieran estrechado la mano –Tengo una proposición que hacerte.
Kai dejó delicadamente a Malika en el suelo y le dio unos toquecitos con las antenas en la cabeza. –Supongo que si te dejo en el suelo tus amigas dejarán de mirarme como si fuera una enorme cucaracha a la que vayan a despedazar de un momento a otro ¿no crees?
Malika movió una antena y las hormigas pararon de avanzar.
-Bien –Kai estiró sus patas delanteras y bostezó –Ha sido un largo viaje, bueno a lo que iba. Puedo ver que vives en un agujero y que todas las pequeñas que hay aquí no son ni la décima parte de la totalidad de tu pandilla ahí escondida. Así que estoy dispuesta a hacer un trato contigo y por lo tanto con toda la comunidad.
-¿Qué quieres?
-Llámame suspicaz pero creo que no os caemos muy bien –sonrió – y me parece mal porque somos unas pobres hormigas que solo quieren un lugar para vivir. Todas somos hormigas, somos familia, somos iguales. Tenemos un objetivo común.
Lasalle miró preocupado a Malika que escuchaba cada palabra con atención. Si el trato era bueno quizá no tendrían que luchar, no se sacrificaría ninguna hormiga más.
-Propongo una alianza. Apoyarnos las unas a las otras como iguales que somos. Seríamos más fuertes, más numerosas, no habría insecto que se atreviera a contrariarnos ni a atacarnos. ¿Qué me dices?
Era perfecto, no solo no habría que luchar, si no que serían más poderosas que nunca. Malika contenta miró a Lasalle. Éste negó con la cabeza.
¿Por qué no aceptar? Ya no tendrían que vivir solo en el agujero del hormiguero, podrían expandirse por el parque acompañadas del hormiguero del árbol. Los insectos ya no serían un problema, el hormiguero del árbol era más fuerte que el suyo y podría ocuparse de ellos. La comida no sería un problema porque el hormiguero del árbol era más numeroso y podrían explorar más sitios.
-Qué pasa… ¿Qué pasa si no queremos esa alianza?
Kai se acercó a ella y le acarició una antena –Es muy sencillo princesa. Os destruiremos.
Malika alzó el pecho y abrió sus mandíbulas.
-Te dejo pensártelo hasta que haya luz en el cielo de nuevo. –Le dio unos toquecitos en la cabeza y se fue seguida de las soldados. -¡Buenas noches princesa!