domingo, 18 de diciembre de 2016

6. Cáscaras de pipas

-¿Para qué crees que nos van a servir las cáscaras?
Lasalle miró la pipa que llevaba su compañera -Le contaremos a la reina para lo que las hemos utilizado y quizás ella sepa darles uso en la batalla que se avecina.
Nuestra hormiga se quedó paralizada en cuanto escuchó la palabra batalla y Lasalle entró en el hormiguero directo al piso 84 con sus dos pipas a la espalda.
Todas miraban extrañadas a la soldado y cuando ésta llego hasta lo más hondo del hormiguero dejó con cuidado las cáscaras frente a la reina.
-He encontrado a la compañera perdida y hemos llegado sanas y salvas a casa.
-Ya lo sé. -La reina miraba con atención las cáscaras.
Hubo un silencio que ninguno de los dos fue capaz de romper hasta que la reina se acercó a una de las cáscaras y la golpeó con las antenas.
-Nos han protegido.
Malika soltó una carcajada.
-¡Es verdad! Casi nos descubren. Resulta que cuando llegué la hormiga estaba seleccionando algunas y nos las pusimos encima para escondernos porque sus exploradoras también repararon en ellas y…
Malika comenzó a reírse aún más y más. Hasta se cayó encima de una cáscara mientras se sujetaba las antenas. Reía con todas sus fuerzas y Lasalle no sabía si seguir contando la historia porque a la reina parecía no importarle en absoluto.
-¿Te estás riendo de mi?
La reina volvió en sí y se levantó del suelo -No, no me estoy riendo de ti, lo siento mucho. -volvió a reírse.
Lasalle enfadado apretó los puños -¡No te importa que haya encontrado algo que pueda ayudarnos! ¡Estamos a punto de entrar en guerra con unas hormigas que nos superan en todo y tú te estás riendo! ¡Por qué te estás riendo! ¡Para de reírte!
Malika con las pinzas abiertas se acercó lentamente a Lasalle y le acarició la cara con las dos patas.
Estaban tan cerca. Lasalle nunca había estado tan cerca de su reina y la adoraba tanto que no le importaba si le arrancaba la cabeza en ese momento con sus maravillosas pinzas.
-¿Las…has…visto? -dijo Malika en un susurro.
-¿Qué?
-¿Las has visto? -Malika cogió de las patas a Lasalle. Estaba temblando.
-Pues claro que las he visto. Las he visto y he visto cómo luchan, son peligrosas Malika, con el aguijón ese son impredecibles. Seguro que ya han establecido a la colonia, aunque cuando fuimos estaban perdiendo tiempo en…
Lasalle paró de hablar. No podían haber sido tan estúpidas. No podían haber sido tan rematadamente estúpidas, si aquellas hormigas eran…
-Son rojas...
-Son rojas. -Malika comenzó a reírse de una manera endiablada 
-¡Son rojas! -Lasalle reía también -¿Cómo no nos hemos dado cuenta?
-Eso te pasa por ir por ahí sin haber establecido ningún contacto antes. Eres una hormiga estúpida.
La reina volvió a golpear las cáscaras de pipas y Lasalle paró de reir.
Nuestra hormiga llegó al piso 84 con su cáscara de pipa a la espalda -Lo siento por no bajar enseguida, es que tenía que enseñarle la pipa a unas compañeras que… -Malika sin hacerle ningún caso se sentó en el fondo de la habitación. -Voy… voy a dejarla aquí también, sí.
La hormiga dejó la cáscara y se colocó al lado de Lasalle.
-Huelen bien. -dijo la reina.
Nuestra hormiga estaba tan contenta de que su reina dijera eso de sus preciadas pipas que no pudo evitar dar un par de saltitos. -Si ¿verdad?
-Dejadlas afuera.
Lasalle cogió sus dos pipas y la exploradora arrastró la suya entristecida porque la reina las había rechazado.
La soldado volvió a la celda enseguida y nuestra hormiga, a punto de llorar, dejó con cuidado su pipa en el pasillo acariciándola con sus antenas.
De pronto una sombra sobre ella la hizo girarse rápidamente, una preciosa hormiga alada se había acercado a la cáscara y la toqueteaba con sus majestuosas antenas. -Huele muy bien ¿la has encontrado tú?
La hormiga atónita ante las magníficas alas de su compañera asintió con la cabeza.
-Un gran descubrimiento, si señora. Estamos muy orgullosas de contar con hormigas como tú en la colonia. -La hormiga alada le acarició la cabeza. -Sigue así.
Nuestra hormiga no le quitó los ojos de encima hasta que se perdió entre las galerías superiores. Cuando volvió en sí estaba rodeada de otras compañeras que se habían acercado a examinar las cáscaras de pipas.
-Huelen bien. -se oía murmurar a una.
-Creo que las he visto antes… -decía otra.
-¡Están en el piso 23!
Las hormigas curiosas no paraban de olisquear y de golpearse con sus antenas bajo la atenta mirada de Lasalle.
Malika fue lentamente hacia sus hijas que la hicieron un amplio hueco hasta llegar a una de las cáscaras de pipas y comenzó a golpearla con sus antenas.


Las hormigas más pequeñas se miraron entre ellas, comenzaron a temblarles las patas y abriendo y cerrando las pinzas reían desquiciadas. Las soldados daban pequeños saltos hacia delante y atrás y se embestían amistosamente entre ellas.
Un murmullo invadió la colonia -Son rojas… son rojas…
Malika cogió la cáscara y se la entregó a la exploradora. -No saben quiénes somos. -las risas de las obreras se oían por todo el hormiguero.
Nuestra hormiga cogió la pipa y fue directa hacia el piso 23 seguida de todas sus compañeras.

Malika se metió en su celda, cogió un pedazo de gominola, lo partió por la mitad y se lo ofreció a Lasalle.
La soldado sonrió, se comió la gominola y se fue con sus compañeras.

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